La F1 en CDMX volverá a confirmar su enorme peso económico para la capital del país. De acuerdo con las estimaciones, el Gran Premio de México dejará una derrama cercana a los 22 mil millones de pesos y empujará la ocupación hotelera hasta un 95%, cifras que colocan al evento entre los más rentables del calendario deportivo nacional.
El impacto no se limita al autódromo. Alrededor de la carrera se mueve toda una industria: hoteles, restaurantes, transporte, comercios, servicios turísticos y entretenimiento reciben una inyección de ingresos durante los días del evento. Miles de visitantes nacionales y extranjeros llegan a la ciudad para vivir el espectáculo de la máxima categoría del automovilismo.
La ocupación hotelera del 95% refleja esa demanda. Prácticamente todos los cuartos disponibles en las zonas clave se llenan, lo que beneficia tanto a las grandes cadenas como a los establecimientos más pequeños. Para muchos negocios, el fin de semana del Gran Premio representa uno de los picos de actividad más importantes del año.
El atractivo del evento se explica por varios motivos. La pista mexicana ofrece un ambiente reconocido a nivel mundial, con tribunas llenas y una afición apasionada que da color a cada edición. A eso se suma el prestigio de recibir a los mejores pilotos del planeta y la posibilidad de posicionar a la ciudad como destino internacional.
Las autoridades y los organizadores suelen destacar este tipo de cifras porque justifican la inversión que implica traer una carrera de esta magnitud. Más allá del espectáculo, el argumento central es económico: cada peso que se destina a la logística busca multiplicarse a través del gasto de los asistentes.
Con una derrama estimada de 22 mil millones de pesos, la F1 en CDMX reafirma que el deporte motor es también un gran negocio turístico. El reto, hacia adelante, será sostener esa fórmula y asegurar que los beneficios lleguen a la mayor cantidad posible de sectores que dependen del flujo de visitantes.