India supera a Japón y se perfila para convertirse en la cuarta economía más grande del planeta hacia 2027, según proyecciones del Fondo Monetario Internacional. El organismo calcula que el producto interno bruto indio alcanzará unos 4.52 billones de dólares, con lo que desplazaría a la economía japonesa hasta el sexto lugar en la tabla global.
El motor de este avance es el consumo interno. India crece a un ritmo cercano al 7% anual, una velocidad que pocas economías grandes logran sostener. El gobierno recortó el impuesto al valor agregado de autos pequeños y motocicletas, que pasó del 28% al 18%, y el resultado fue inmediato: las ventas de vehículos treparon casi 20%. Cuando millones de familias deciden comprar al mismo tiempo, el efecto sobre la actividad económica se multiplica.
A esa demanda se suma el peso del país como destino de servicios corporativos. India concentra más de 2,100 centros de empresas globales, que dan empleo a cerca de 2.3 millones de personas. Compañías de todo el mundo trasladan ahí operaciones de tecnología, finanzas e investigación, atraídas por el talento y por costos competitivos.
El contraste con Japón es revelador. La economía japonesa, que durante décadas ocupó los primeros puestos del ranking mundial, enfrenta un estancamiento prolongado y una población que envejece con rapidez. India, en cambio, tiene una fuerza laboral joven y en expansión, lo que le da un impulso demográfico que sus rivales no pueden igualar en el corto plazo.
Conviene matizar el entusiasmo. Que el tamaño total de la economía india rebase al de Japón no significa que sus habitantes vivan mejor. El ingreso promedio del ciudadano indio sigue muy por debajo del japonés, porque esa riqueza se reparte entre una población enorme. El reto de los próximos años será transformar el crecimiento agregado en bienestar concreto para la gente.
Para México, el ascenso indio es una señal clara. El mapa económico mundial se reacomoda y las economías emergentes ganan terreno. Entender quién sube y por qué ayuda a leer hacia dónde se moverán la inversión, el comercio y las cadenas de suministro en la próxima década.
Los especialistas coinciden en que el reacomodo apenas empieza. Si India mantiene su ritmo, su influencia en foros internacionales, en la fijación de precios de materias primas y en las decisiones de inversión global crecerá de forma proporcional. Vale la pena seguir de cerca este ascenso, porque anticipa cómo lucirá el mapa del poder económico mundial en los próximos años.