La producción industrial México vive una paradoja que inquieta a trabajadores y analistas: las fábricas generan más valor, pero contratan a menos gente. En agosto, la actividad industrial creció 4.1% anual, su mejor desempeño desde 2023. Al mismo tiempo, el empleo en el sector retrocedió 1% y acumuló 42 meses consecutivos de caídas.
El dato obliga a mirar más allá del titular optimista. Que una economía produzca más suele leerse como buena noticia, y en parte lo es. Sin embargo, cuando ese crecimiento no se traduce en nuevos puestos de trabajo, el beneficio se concentra y deja fuera a quienes dependen de un salario para vivir.
Las cifras esconden realidades muy distintas según la rama. Los sectores ligados a los derivados del petróleo impulsaron el avance general y mostraron dinamismo. En el otro extremo, industrias como la textil, la fabricación de ropa y la producción de muebles fabrican menos y, en consecuencia, despiden personal. La fotografía promedio oculta ganadores y perdedores muy marcados.
Detrás de esta tendencia asoma el peso de la automatización y de la eficiencia. Cuando las plantas incorporan maquinaria y procesos que reemplazan tareas manuales, logran elevar la producción sin sumar manos. Es un fenómeno global, pero sus efectos sociales dependen de qué tan rápido la economía crea empleos alternativos para quienes quedan desplazados.
Para el bolsillo de las familias, la consecuencia es directa. Un mercado laboral que no genera plazas presiona los salarios a la baja y empuja a muchas personas hacia la informalidad, donde no hay prestaciones ni seguridad. El crecimiento industrial, por sí solo, no garantiza mejores condiciones de vida.
El desafío para la política económica es claro: convertir la fortaleza productiva en empleo de calidad. Mientras eso no ocurra, los reportes seguirán mostrando una industria que avanza en los números y, a la vez, una fuerza laboral que no encuentra en ese avance un reflejo de bienestar.
El fenómeno también invita a repensar la formación de los trabajadores. En un entorno donde las máquinas asumen tareas repetitivas, las habilidades que marcan la diferencia son las que la automatización no puede replicar con facilidad. Apostar por la capacitación y la reconversión laboral podría ser la vía para que el crecimiento industrial y el empleo vuelvan a caminar de la mano.